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Mozart in the Jungle

La música es el único camino hacia lo trascendente.

Wolfgang Amadeus Mozart

 

No es casualidad que, desde su estreno, Mozart in the Jungle haya sido nominada incansablemente a lo largo de sus tres temporadas. Como cada producción de Amazon, Mozart in the Jungle se caracteriza por lo característico, podríamos calificarla de comedia, con personajes protagonistas extraordinarios y secundarios potentes, hasta aquí, todo en orden. Sin embargo, le damos al play y es algo novedoso, fresco, característicos.

Puede ser que sea por su trama, partimos de que la Orquesta Sinfónica de Nueva York ficha a un joven y talentoso director de orquesta para sustituir a una vieja gloria que se jubila sin querer. Todo ello, lo conduce Hailey, una joven oboísta que quiere tocar en la misma orquesta que va a dirigir Rodrigo, el nuevo maestro.

Las dos primeras temporadas de Mozart in the Jungle suceden en Nueva York, vemos a Rodrigo crecer y ser algo más humilde y a Hailey, ahora Hai-lai gracias a Rodrigo, aspirar a más, profesional y personalmente.

Si no habéis visto ninguna temporada, sólo al primera, quizás, temporada y media, es momento de dejar de leer. Como siempre, voy de la mano de los spoilers y vais a leer una crítica de la tercera temporada de Mozart in the Jungle, por lo que os recomiendo que os pongáis a verla inmediatamente. Es una serie para enamorarse de los maratones, aunque esta sea una media maratón, cada temporada son diez capítulos de treinta minutos que se pasan volando, no sé a qué esperáis.

Lo que realmente le funciona a la serie es la intensidad, y me explico, la primera temporada es intensita. Rodrigo, es un genio de la batuta, habla con los compositores, literalmente, y no se entiende con el mundo. La orquesta sinfónica de Nueva York estaba acostumbrada a su anterior maestro y, francamente, no entiende a Rodrigo. Digamos que Hai-lai hace de traductora de Rodrigo al resto del mundo.

Qué hay más intenso que un genio. Nada. El problema es que Rodrigo pone un poquito los pies en la Tierra en la segunda temporada y nos metemos a los problemas mundanos de los sueldos, los derechos de los trabajadores y las huelgas, es decir, perdemos intensidad y baja ligeramente la tensión dramática del argumento. En cualquier otro formato no habría importado, pero tenemos que tener en cuenta que la trama de Mozart in the Jungle sucede en cinco horas, cuando tenemos una media de ocho-diez horas para cualquier otra serie. La magia es la condensación.

La tercera temporada recupera los niveles de tensión dramática de la primera temporada. Empieza en Italia, en plena huida de Rodrigo y con una Mónica Bellucci espectacular. Ya no hay un solo genio en la pantalla, tenemos a dos. Mónica Bellucci interpreta a Alessandra, una cantante de ópera no muy cuerda y caída en desgracia.

La misión de Rodrigo es dirigirla en una ópera novedosa para que Venecia se vuelva a postrar a los pies de Alessandra. Con Rodrigo nada merece la pena si no hay amor, sólo que Rodrigo tiene una concepción del amor, cuanto menos, pasajera. La tensión sexual de ambos personajes está servida desde el primer momento, ya que, la única regla que le imponen a Rodrigo es que no se acueste con Alessandra. Craso error.

Mientras que la tensión sexual crece y eligen la pieza central que tiene que cantar Alessandra, aparece Hai-lai, para rematar todo el asunto.

Entre bastidores, sigue coleando la trama de los sueldos injustos y la huelga de los músicos. A medida que la historia italiana se va acabando, por supuesto, vemos la representación de Alessandra, que culmina cortándole la coleta a Rodrigo, ya que, los celos hacia Hai-lai se hacen dueños de la cantante, incluso, hay un momento de temor real por la vida de Rodrigo. Y, es que, parece que todo el mundo ve la tensión sexual no resuelta menos Rodrigo.

A la vuelta de Italia urge resolver la situación de huelga por encima de todo. Después de un encierro y una discusión que se tenía que haber hecho hace temporada y media, consiguen llegar a un acuerdo para poder olvidarnos de las penurias de unos artistas que, francamente, nos importan muy poco. Podemos centrarnos, y esperemos que los guionistas también, en el desarrollo de la historia entre Gloria y el maestro Thomas, que protagoniza uno de los mejores momentos televisivos que he visto con su Modern Piece.

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Al final, y como siempre, Mozart in the Jungle se corona como una serie para enamorarse de las series. En muy poco tiempo, consigue desarrollar una trama sencilla y emocionante, huye de los tópicos, de las verdades asumidas por el espectador y, por fin, brinda con algo que la hace magnífica: coherencia.

Nos leemos,

Sandra Herranz Casas

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