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13 Reasons Why

Ey, it's me, Hannah Baker.

Voy a ahorrarme daros 13 razones por las que ver 13 Reasons Why, sinceramente, pero sí os voy a dar argumentos muy convincentes que hacen que esta serie sea tremenda. Hablo de la serie después de haberla visto y haber revisionado los mejores momentos de la primera y única temporada que hay en Netflix, cómo no. Por lo tanto, si no la habéis visto o todavía os quedan unas cuantas cintas que escuchar, dejad de leer para no destriparos lo inevitable.

El primer punto que funciona es el estilo tan manido de «Crónica de una muerte anunciada», el libro original y la propia serie cuentan con la ventaja de que la protagonista está muerta desde el principio. Sin sorpresas. Sin resurrecciones milagrosas ni nada por el estilo. Y, aquí, marca la primera diferencia con el resto de dramas adolescentes estadounidenses. Al principio, no me dejaba de venir a la cabeza Alison, de Pretty Little Liars, se empieza a perfilar una Hannah Baker un poco retorcida, egoísta y acaparadora de atención constante.

 

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Otro acierto de 13 Reasons Why es lo que empieza siendo el tópico de «la chica que le gusta a toda la población masculina del instituto» se convierte en una persona, en una chica de 17 años que intenta sobrevivir a la vida, lo cual, aleja a Hannah Baker de cualquier sombra Alison, de la protagonista de Riverdale o de cualquier serie que se nos venga a la cabeza de adolescentes americanos que conviven en un instituto.

A Hannah Baker la conocemos a través de las cintas que graba al contar por qué se ha suicidadosuicidar y, a su vez, conocemos a Clay Jensen. Que bien podría ser cualquiera de los cuatro niños de Stranger Things en la secundaria, quizás un poco menos aficionado a los juegos de mesa, pero del perfil. Él cumple perfectamente con el papel de adolescente normal y corriente.

13 Reasons Why expone sus propios argumentos desde el principio, tiene a la protagonista que muere y abre el primer debate: el suicidio de una chica de 17 años. A medida que se escuchan las cintas hay un primer factor que influye en la decisión de Hannah, el bullying o acoso escolar. Ella misma lo graba en las cintas, le resta importancia a muchas de las cosas que la suceden. Por ejemplo, en la cinta de Alex Standall, que hace una lista clasificando a las chicas de su clase por sus atributos físicos, a Hannah le toca ser el mejor culo de su clase y, en un momento dado, explica que puede que no fuera para tanto pero que, para ella, en ese momento fue devastador.

Continuamente da ese argumento, quizás no sea tan fuerte, quizás no sea tan grave, un quizás que se extiende hasta que el personaje no puede más. 13 Reasons Why contesta a todos espectadores que piensan que no es más que una chiquillada de instituto, una broma sin importancia que, en ningún momento, podría dar lugar a un suicidio. Aquí lo tienen.

El papel de los padres en este sentido también es importante. Los padres de Hannah Baker no descuidan su educación, no la ignoran; todo lo contrario, se preocupan por ella, por si tiene amigos o por si es feliz pero no son más que unos espectadores ignorantes de una parte de la vida de Hannah. Ellos y el resto de su entorno, ya que, Hannah no habla con absolutamente nadie de lo que vive día a día.

Por otro lado, vemos a los padres de Clay Jensen, en concreto a su madre, que está desesperada en no ser ese espectador ignorante de lo que decida, o no, su hijo. Y, a pesar de sus constantes esfuerzos, no consigue que Clay le cuente absolutamente nada. Aunque sea lo más sensato que podría haber hecho desde el primer minuto, no se lo cuenta. Y es por una razón muy simple: es un adolescente. No se le quita crédito por la edad, sino que no ve a sus padres cómo alguien que, realmente, le pueden ayudar. Un retrato, más que estadounidense, mundial.

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A pesar de que el final se haya escrito, las dudas se siembran el grupo de los populares, de los molones del insti al que el pueblo entero adora por ser los mejores en los partidos de baloncesto, nada más. En este caso, lo que les preocupa es lo que sucedió en la fiesta de Jess, la que fue mejor amiga de Hannah durante un tiempo.

Hasta entonces, escuchamos a Hannah hablar de todas las acciones que la están hundiendo sin llegar a ver realmente el fondo. En general, ella deposita su confianza en la otra persona, el protagonista de la cinta del capítulo y, en un momento dado, esa persona traiciona la confianza de Hannah por no admitir sus propias verdades, valiéndose de los rumores que han crecido alrededor de ella.

Como decía, en la fiesta pasa algo y ese algo ronda en casi la mayoría de los capítulos. Huele, y mucho, el miedo de los implicados en esa fiesta de que Clay haga algo, se lo diga a un adulto o vaya a las autoridades. Pero, paralelamente, los padres de Hannah demandan al instituto por la responsabilidad del suicido de su hija.

Y la fiesta llega y, con ella, se plantea el tercer pilar de 13 Reasons Why y creo que más complicado que el suicidio. En la famosa fiesta de Jess, otro de los chicos populares que no ha salido en las cintas, viola a Jess. Y 13 Reasons Why vuelve a anticiparse, la situación concreta es que Jess va a acostarse con su novio y, después de haber bebido alcohol, se queda dormida. En ese momento, Bryce la viola. Y Hannah le dice a todos esos espectadores que, en algún momento han afirmado que si no hay un no claro, es consentido. Incluso, que hay que dudar de la confesión de la mujer que ha sido violada y que ha bebido previamente. Hannah les contesta, replicando a unas voces mudas que ella presenció una violación. Una agresión sexual no consentida sin que tengan que ver más florituras como el alcohol o la altura del vestido.

Saltándome bastantes acontecimientos, voy a terminar de hablar de cómo se retrata perfectamente la cultura de la violación a partir de este momento. Los acontecimientos no dejan de ser dolorosos. Por circunstancias, Hannah acaba en una fiesta de casa de Bryce, y sí, Bryce la viola. Y, aunque no sorprende francamente, este elemento se utiliza para construir lo más difícil de todo el asunto.

Hannah acude al consejero del instituto, intenta hablar con Porter que no ha dejado de jactarse de que está ahí para los alumnos, para ayudarles. Y, en este momento, Hannah pide ayuda. Aunque le cuesta hablar de violación y, es verdad que nosotros jugamos con nosotros porque lo hemos visto, el señor Porter se comporta como un completo gilipollas, si me permitís la expresión. El diálogo es duro, porque vemos cómo se juzga a la víctima, cómo se la pone en entredicho. Se hace poco a poco, incluso en las primeras líneas se puede justificar al consejero porque Hannah no consigue ser demasiado clara, como es lógico por otro lado. Hasta que la pregunta si ha bebido o si ha pronunciado, exactamente, un no.

Hannah pide ayuda al consejero escolar que está constamente presente pero que no resulta ser nunca de mucha ayuda. Se intenta sincerar pero la conversación se tuerce desde el principio, primero, el peso de la decisión se sitúa sobre ella, sobre si se arrepiente o sobre si se bebió. Y tú, como espectador, ves cómo le están preguntando a una chica de 17 años, víctima de una violación, que si se arrepiente. Se le da un voto de confianza al consejero que se pierde, aún a pesar de que él mismo dice que no la va a juzgar. Y aún así tenemos que escuchar que quizás lo consintió y luego cambió de idea.

Y se nos parte el corazón porque perdemos cualquier esperanza de que los guionistas hayan jugado con nosotros con lo del suicido. Vemos que es la última (gran) gota que colma el vaso y sufrimos por ella. La denuncia social queda implícita pero es poderosa porque nos permite empatizar con la situación, nos hace parte de la impotencia que puede sentir cualquiera en la situación de Hannah, compartimos su dolor y, también, la desesperanza. Y, luego, caemos en la cuenta de no es sólo una serie y te preguntas, ¿cuántas de estas conversaciones se habrán tenido que soportar?

Y Clay juega aquí un papel imprescindible, es la voz de la conciencia de todos los problemas que han ido sucediendo, él sí que sufre la impotencia desde la primera cinta, quiere hacer justicia, quiere vengarse de todo el daño que le han hecho a Hannah y, paradójicamente, acaba siendo el más herido de los implicados. Empieza con una brecha y termina con toda la cara llena de cortes. Es la representación más viva de esa parte de sociedad que alza la voz ante una desigualdad, ante la denuncia del acoso escolar o ante hecho de que se ha cometido una violación. Y, cada vez que él intenta reivindicar lo que es justo para Hannah, recibe un golpe, una dosis de una realidad que no le deja denunciar la injusticia.

Y, entonces, Hannah se suicida. La oportunidad que le ha dado a la vida no ha sido suficiente, a pesar de tener un último encuentro en el que se muestra que Hannah no está sola, que puede pedir ayuda, no es suficiente.

Igual que en la argumentación del acoso escolar o de las violaciones, vemos a Hannah suicidarse sin ninguna floritura. La vemos cortarse las venas y desangrarse en la bañera y vemos cómo la encuentra su madre. 13 Reasons Why no es otro drama de adolescentes americanos porque se atreve a contar verdades tan aterradoras que parecen ficción.

Y no sólo se limitan a contarlas, las exponen. Cogen a una chica de instituto y muestran su día a día, muestran como los demás, sean hombres o mujeres, le faltan el respeto por algo que alguien dijo, se propasan física y verbalmente con ella porque creen que, por ese rumor, esa chica, esa mujer, está a su disposición.

Destripan a una sociedad que hace esfuerzos inútiles después de que haya habido un atropello o de que esa misma chica se haya suicidado cuando, de hecho, se podría haber evitado ese suicidio en el mismo instituto que se ha gestado, en el mismo instituto que ha apaleado a esa mujer. Para mí, la trama tiene tanta fuerza como las verdades que relata y que, a su vez, denuncia con una elegancia por la que yo, no habría apostado.

Por otro lado y para acabar, si alguien quiere hacer algún flashback, por favor, que le eche un vistazo rápido a 13 Reason Why. Se distinguen varias líneas temporales, la más evidente es la de antes y después del suicidio y es tan fácil como que Clay se haga una brecha para saber cuándo estamos en pasado y cuándo en el presente. Por otro lado, antes del suicidio, también se traza otra línea; en el principio del relato de las cintas Hannah lleva el pelo largo pero Hannah se corta el pelo en un momento cercano a su suicido, cosa que sabemos desde los primeros episodios.

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Así, 13 Reason Why evita los letreros innecesarios y las cosas tan extrañas que muchas veces tenemos que soportar por un recuerdo de un personaje. Es cierto que la trama está estructurada en las cintas y en cómo el relato del pasado se funde con el presente y, por eso, incluso el tratamiento de la luz de las imágenes de pasado y presente son completamente diferentes. Cada escena en la que Hannah aparece viva, el tratamiento es en colores cálidos y, sin embargo, de vuelta al presente los tonos fríos son los que dominan.

La conclusión es que Netflix ha vuelto a acertar con una fórmula que gusta, la historia que se pretendía contar en la primera temporada ha quedado resuelta. Por supuesto, quedan otros interrogantes que podrían, o no, resolverse pero se responden a las preguntas que se plantean sin hacer vivir al espectador un calvario inútil. Os la recomiendo encarecidamente,

Nos leemos,

Sandra Herranz Casas.

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